Muchos de ustedes deben  haber seguido el caso de Arlette Contreras, la mujer que fue atacada por el hombre que en ese momento era su pareja, Adriano Pozo, en el  hostal donde se encontraban en la ciudad de Ayacucho. Él la arrastró por el piso mientras la insultaba, estando desnudo. A todas luces y para toda persona con dos dedos de frente un agresor, pero al parecer no para nuestro Poder Judicial.

Es increíble ver cómo este potencial feminicida ha logrado salir absuelto. La verdad que ya no sé si esto debería sorprendernos en el país en el que vivimos, donde encarcelan a un chico por chismoso y dejan libres a los corruptos o a los genocidas. Lo más indignante de todo es que  este agresor busca eximirse de la culpa aduciendo que tiene trastorno limítrofe de personalidad; asimismo, su sentencia muestra un análisis sumamente superficial  e inexacto de lo que es convivir con esta afección mental.

He leído con sorpresa y rabia esa sentencia, y quise escribir este artículo para desmentir lo que ha sido dicho sobre cómo somos las personas que tenemos Trastorno Límite de Personalidad (“borderline”). Ojo: no somos “borderline”, convivimos con el “borderline”. La enfermedad no nos define: cada persona es única y, si bien compartimos ciertas características y patrones comunes en el diagnóstico, cada caso es diferente.

Las personas que convivimos con el borderline, los profesionales de salud mental que tratan este trastorno adecuadamente, los familiares y los amigos de las personas con borderline son quienes están mejor capacitados para hablar sobre él, no cualquiera puede hacerlo.

Primero que nada, la condición de borderline no es anuladora de la consciencia ni disminuye la voluntad: los actos que realizas los haces plenamente consciente, por tanto eres responsable de tus actos: no es válido usar esta condición para exculparte de intentar matar a una mujer.  En segundo lugar, las características del trastorno si bien son generales, no se aplican a todos; en mi caso particular, nunca me he provocado autolesiones ni he tenido intentos de suicidio ni ideación paranoide.

En tercer lugar, muchas personas con borderline tenemos problemas de manejo de la ira, pero eso no significa que por ello vayamos a cometer una agresión. Es posible que podamos tener mayor dificultad para controlar nuestros impulsos en algún momento, pero estos son episodios muy cortos, que así como vienen se van. En cambio, los hechos que protagonizó este sujeto no pueden ser catalogados como un simple impulso: sus defensores han buscado una justificación escandalosa para exculparlo de un intento de feminicidio.

La impunidad de Adriano Pozo es sumamente indignante y más aun considerando la enorme cantidad de mujeres que desarrollan afecciones mentales como consecuencia de experiencias de abuso sexual en su niñez o adolescencia. He conocido muchos de estos casos y son realmente terribles: que un sujeto como Adriano Pozo use al borderline como excusa de su agresión es realmente el colmo.

En nombre de las personas que convivimos a diario con el borderline les pido que no nos pongan en el mismo saco que a este miserable. Somos personas y no hacemos daño. No más estigma.

#TodosPorLaSaludMental